Construir y reconstruir la niñez

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“Todo perdía su contorno, su figura y eso me gustaba; los colores se deshacían como el humo de aquellos que fumaban y fumaban frente a la cancha”

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Chircán y Javiera es una novela corta escrita por Elvira Hernández, ilustrada y diseñada por Antonio Ahumada, publicada por Ediciones de Pantalón Corto y presentada durante 2018. Elvira Hernández es una destaca poeta chilena que incursiona en el género narrativo y particularmente en el género narrativo infantil con este libro álbum de bolsillo.

Situar este libro en la categoría de libro álbum es un desafío ya que implica analizar y verificar que el texto y las ilustraciones mantienen una indisoluble relación entre sí. Aun cuando a simple vista se observe que el peso de la narración radica en el texto, sostengo que las ilustraciones (con sus características, disposición y vínculo la narración) contribuyen y afianzan el sentido final de la novela.

En esta se nos cuenta de dos niñas que viven experiencias singulares al filo de su niñez. Experiencias que son reconstruidas y que dan cuenta de la fuerza imaginativa infantil donde realidad y fantasía se funden permitiendo sobrellevar la cotidianidad circundante.

Pero no se trata solo de la historia sino de la fuerza poética que contiene el texto y que se afianza por medio de las ilustraciones. Ambos elementos permiten comprender cómo las formas de la imaginación infantil se inscriben en un trasfondo afectivo, que además se vive como representación o teatralización y contiene una ineludible opacidad o como lo señala la narradora esa cara oculta de las cosas que aparece cuando se mira fijamente, casi sin pestañear.

Así, se nos presenta la historia de dos hermanas que viven en una de las tantas viviendas sociales chilenas conocidas como blocks o pequeños departamentos construidos en bloques generalmente en los bordes de la ciudad. La trama de esta novela es sencilla y en esa sencillez radica su valor pues lo que moviliza a los personajes en el plano de la vida cotidiana les permite acceder a experiencias difusas pero cargadas de sentido.

Sentido que se logra mediante recursos lingüísticos dispuestos para contar la historia al modo de la literatura oral donde lo poético y lo narrativo se disponen y cooperan entre sí para que los lectores/oyentes se sientan parte de y en la historia.

Uno de los recursos que permite ingresar en esta representación son las fórmulas de inicio (al modo de “Erase una vez…”; “Había una vez…” o de las más rebuscadas o lúdicas como “cuentan los que lo vieron, yo no estaba, pero me lo dijeron…”) y cierre de los cuentos (como el clásico “y colorín colorado, este cuento se ha acabado”). Tales formulas activan un espacio incuestionable y en el que todo puede ocurrir.  Son las llaves que permite ingresar en el mundo posible de lo narrador.

Estas fórmulas además se caracterizan por ser altamente poéticas en el sentido de ser subjetivas (se dispone de las fórmulas tradicionales pero se las recompone según la época, la cultura, el sentido que el autor quiere otorgarles) musicales (suelen conjugar una serie de palabras más bien para lograr cierta sonoridad, cierto juego al repetirlas) también por ser polisémicas (su sentido es amplio y no puede someterse a una sola interpretación pues son apertura o posibilidad) finalmente recurren a lo figurativo para construir enunciados que nos instalan en la singularidad de la historia y de la que nos sentiremos parte antes que meros expectadores.

Así en Chircán y Javiera nos encontramos con una fórmula de inicio que nos sitúa inmediatamente en su esencia: si digo las cosas por su nombre, por todos los nombres que las cosas puedan tener, capaz que no sólo pueda pasar por el zapatito roto, sino que, de verdad con los zapatos rotos, pasar y contar de esto y de lo otro. Vemos que se ha reconstruido la fórmula que (entre sus muchas variantes) dice “este cuento se ha acabado/ pasó por un zapatito roto/ para que otro día les cuente otro”

Pero acá no se trata del cierre o final sino del inicio que indica dos cosas relevantes: una concienzuda relación con el lenguaje y la condición social del personaje. Se instala entonces una percepción y significado de la realidad que es ambiguo y también una conciencia y aceptación de esa ambigüedad con la que se convive y en la que estas niñas están inmersas.

Aparece una narradora en primera persona: la hermana de Javiera. Es importante detenernos aquí y reconocer el valor de un narrador infantil. Primero debemos considerar su posición ya que pareciera ser que su narración viene “desde abajo mirando el mundo a la altura de las rodillas de los adultos” a decir de Andrea Jeftanovic en su libro Hablan los hijos. Discursos y estéticas de la perspectiva infantil en la literatura contemporánea. Ofreciéndonos otra perspectiva de la realidad que la rodea y de paso cuestionando los discursos dominantes desde este lugar marginado del poder, del control y la autoridad

Así, la narradora frente a la voz de la madre que dice “tu andai con puros cuentos” nos muestra otra perspectiva al aclararnos que “lo que en sus palabras significa que tengo demasiada imaginación” y para luego indicar que “yo no lo creo. Solo he observado que en todo lo que me rodea, hay una cara visible y una cara oculta de las cosas”

Es contrapunto permanentemente a la voz y forma adulta de entender la realidad, la autoridad por excelencia dentro de la historia  se llega a caricaturizar: “y mi madre seguía rugiendo sus palabras como podría hacerlo un dragón”.

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Así la narradora- niña nos muestra un cuestionamiento permanentemente de las creencias de la madre, sus disgustos, su pragmatismo.

otra rasgo de la narradora es su verborrea y divagación. La narradora cuenta una historia y otra mientras nos intenta mostrar la extravagancia de su hermana mayor quien se acuesta muy temprano y se levanta al alba para hacer sus tareas; que encuentra feo él lugar en el que vive por carecer de espacios verdes, etc. Y un espacio físico y social pocas veces representado en la literatura infantil: los barrios pobres de la ciudad, hacinados y violentos donde los niños crecen, reverberan al alero de las poblaciones con sus pequeñas y frágiles viviendas sociales, sus plazas y canchas, ferias y consultorios, gente difusa, “sirenas, disparos, estruendos”.

Nos acercamos y acompañamos a estos dos personajes, el entorno que habitan, sus anhelos: una desea una vieja tela estampada con un pajarito (un chircán) para su cumpleaños y la otra girar como trompo sobre su skate (aun cuando ese sea un juego aporreador para una niña, según la madre). Skate y tela como elementos que abren espacios difusos: uno aporta el cansancio necesario para caer en la somnolencia y el otro otorga el trasfondo a la situación que quiebra el continuo de la realidad.

En este caso ambas niñas viven una experiencia imaginativa o fantástica cuando su actividad consciente se debilita, es decir, cuando una cae rendida de sueño y la otra vive un período de insomnio. Víctor Montoya en El poder de la fantasía y la literatura infantil indica que la fantasía es un grado mayor de imaginación que permite revertir o reformular la realidad constituyéndose en un proceso cognitivo superior (como el pensamiento) que además es una actividad legítima de las personas por medio de la cual se accede a una libertad y satisfacción. Apoyado en los postulados de Freud, señala que la imaginación ayuda a soportar una realidad apuntalada de conflictos emocionales y contradicciones sociales.

Bajo estas ideas se entiende que Javiera representa la enorme necesidad de ambientes naturales, reclama contra el tipo de vivienda que habitan, se ofusca cuando ve que sacan un nido con huevos de pajaritos, muestra más cercanía con su abuela que viene del sur. Su conversación con el chircán es un anhelo. Y la narradora nos muestra estas ansias irrestrictas de libertad, de ser quien se es sin tener que batírselas con los cánones sociales impuestos a las niñas (hablar poco, ser menos activa y curiosa, etc.) que pasa por alto y a toda velocidad en su viejo skate. Cada momento de la narración es acompañado de una ilustración. Estas se configuran como dibujos representativos de elementos o situaciones señaladas en los párrafos previos.

Detengámonos aquí y recordemos que el libro infantil ha estado permanentemente acompañado de ilustraciones que han ido desarrollándose, adaptándose y renovándose a la par del desarrollo artístico así como de los avances técnicos editoriales y que permite delimitar la aparición del libro álbum y con él un nuevo género que condensa rasgos posmodernos como la multimodalidad, la simultaneidad, la fragmentación, el préstamo de códigos, la relatividad del conocimiento y cuyos rasgos se centran en la relación (desde la mera compañía hacia la interdependencia) entre la palabra y la imagen. Además, esta relación se ajustará al desarrollo de la estructura narrativa que transitará desde el texto hacia los distintos elementos que componen el libro.

Texto e imagen representarán una conjunción interesante que se nutre de un soporte material que permite trabajar varias posibilidades de representación y esto tiene su razón de ser en esa “simbiosis entre narrador e ilustrador. La alianza entre alguien que inventa un relato y otro que crea un mundo de líneas y colores paralelo a ese primer universo imaginado” como lo señala Fernando Vásquez en su artículo Elementos para una lectura del libro álbum. La relación entre el escritor (y su texto) y el ilustrador (y su mundo de líneas y colores) se fundirá para generar un diálogo y dependencia entre ambos.

Frente a esta definición hay que considerar que a los modos tradicionales de análisis de los libros infantiles (enfocados en la psicología del niño, en la calidad como objetos artísticos o en función de su diversidad temática y estilística) se suma el análisis semiótico que permite comprender las imágenes (qué se dice y qué se hace con ellas desde lo espacial y simultáneo) y su relación con el componente textual (centrado en lo temporal y secuencial) y la unión entre ambos.

De tal manera, Chircan y Javiera si bien pareciera ser un libro ilustrado contiene elementos visuales que entregan pistas sobre la narración y complementan su sentido, por ejemplo, las imágenes de este libro son ilustraciones en blanco y negro que en la primera parte del libro se despliegan de una página a otra para ofrecernos un plano continuo de la acción, acentuando la idea de una narración desde abajo (a la altura de las rodillas) como se observa en la siguiente imagen

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Destaco la imagen siguiente porque nos lleva hacia la interpretación interpersonal o interactiva de las imágenes ya que aparte de ver los efectos difuminados de las ilustraciones, muchas veces entrecortadas y permanentemente sombreadas permite reconocer y afianzar la experiencia vivida por narradora a lo largo del relato y también lo que los lectores vislumbrarán a través de ella.

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En esta imagen vemos por primera vez la cara de la narradora, que al intentar espiar a su hermana, parece mirarnos, espiarnos también a nosotros detrás de esa puerta haciéndonos parte de la acción narrativa.

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Luego los párrafos finales coinciden con las ilustraciones mucho más “literales” y que se relacionan con el desenlace donde vemos que estos episodios llenos de fantasía se abandonan a la rapidez y necesidad de la vida que sigue su curso volviendo la niñez recuerdos queridos.

Este somero análisis permite indicar que el libro se ajusta a lo que se ha denominado como un libro álbum simétrico. Esto quiere decir que la narrativa textual y visual son redundantes, existe una correspondencia entre ambas con la finalidad de reforzar el sentido total de la historia que en este caso está vinculado a la vivencia imaginativa infantil, el fin de la niñez, la memoria y su reconstrucción de estos hechos. Chircán y Javiera, con su sencillez, belleza e interacción entre texto e ilustraciones nos lleva por los vericuetos de la infancia hasta esos momentos plagados de fantasía incuestionable que sirvieron para construir y reconstruir (se) a pesar de las múltiples pajarerías del entorno.

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Trabajos citados

Jean, G. (1990). Los senderos de la imaginacion infantil. Los cuentos, los poemas, la realidad . México: Fondo de Cultura Económica .

Jeftanovic, A. (2011). Hablan los hijos. Discursos y estéticas de la perspectiva infantil en la literatura contemporánea. En ¿De quién son los niños?: un cuerpo en disputa entre el Estado, la familia, la ley y el mercado (págs. 21-35). Santiago : Cuarto Propio.

Montoya, V. (2014). El poder de la fantasía y la literatura infantil . Córdoba : Ediciones del Sur.

Moya Guijarro, A Jesús, Pinar Sanz, María Jesús. (2007). La interacción texto/imagen en el cuento ilustrado. Un análisis multimodal . OCNOS n° 3, 21-38.

Vásquez, F. (2014). Elementos para una lectura del libro álbum. Enunciacion, 333-345.

 

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